Laysa Molina Briones
Compromiso, esfuerzo y esperanza al servicio de los animales
Detrás de cada rescate, cada recuperación y cada adopción exitosa existe una historia de dedicación y compromiso. El Refugio Animalea se ha convertido en un referente en la protección animal gracias al trabajo constante de un equipo de personas que luchan cada día por ofrecer una nueva oportunidad a cientos de animales abandonados o en situación de vulnerabilidad. Conversamos con Laysa, presidenta de la entidad, para conocer de primera mano la realidad del refugio, los desafíos a los que se enfrentan y la importancia de construir una sociedad más responsable y comprometida con el bienestar animal. Lo que comenzó hace más de diez años como una labor voluntaria en el Refugio Animalea se ha convertido en un compromiso absoluto con la protección y el bienestar animal.
Hoy, como presidenta de la asociación, lidera un proyecto que ha pasado de acoger a medio centenar de animales a brindar una segunda oportunidad a cerca de 200 perros y gatos.
En esta entrevista, conocemos de cerca su historia, los retos del refugio y la pasión que la impulsa cada día a seguir luchando por quienes no tienen voz.
MD. Laysa, llevas más de una década vinculada a Animalea. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros días como voluntaria y qué te motivó a dar el paso de involucrarse de forma tan profunda?
LMB. Mis primeros tiempos en Animalea fueron emocionalmente muy difíciles. Siempre he amado a los animales, pero hasta que entras de lleno en este mundo no eres realmente consciente de la magnitud del abandono y el maltrato que existe. Ver de cerca tantas historias de sufrimiento me impactó profundamente y me hizo entender la enorme necesidad de ayuda que tienen muchos animales. A pesar de la dureza de esa realidad, también descubrí la capacidad de transformación que tiene el trabajo de un refugio. Cada recuperación, cada adopción y cada segunda oportunidad me reafirmaba que todo esfuerzo valía la pena. Con el paso de los años, mi implicación fue creciendo de forma natural. Llegó un momento en el que el refugio necesitaba más apoyo en la gestión y una dedicación más constante para poder seguir avanzando. La falta de personas para asumir esas responsabilidades me llevó a dar un paso adelante. Lo hice convencida de que, con una organización más sólida y una visión a largo plazo, podíamos ayudar a muchos más animales y garantizar un mejor futuro para el refugio. Esa sigue siendo, a día de hoy, mi principal motivación.
MD. Pasar de colaborar como voluntaria a dirigir una protectora con cerca de 200 animales es un gran reto. ¿Qué aprendizajes han marcado más tu evolución personal y profesional durante este camino?
LMB. Dirigir una protectora con cerca de 200 animales me ha enseñado muchísimo, tanto a nivel personal como profesional. Uno de los mayores aprendizajes ha sido entender que el amor por los animales es fundamental, pero no es suficiente. Para que un proyecto así funcione hacen falta organización, planificación, capacidad de gestión y, sobre todo, mucha constancia. A nivel personal, he aprendido a ser más fuerte emocionalmente.
En este camino vives momentos muy duros, desde casos de maltrato y abandono hasta situaciones en las que, a pesar de todos los esfuerzos, no puedes conseguir el final que deseas. Sin embargo, también he aprendido a valorar cada pequeña victoria, porque detrás de cada animal recuperado o adoptado hay una historia que merece la pena. Profesionalmente, he tenido que aprender a coordinar equipos, gestionar recursos, tomar decisiones difíciles y buscar soluciones constantes para que el refugio pueda seguir adelante. Pero, sin duda, la lección más importante ha sido comprender que el trabajo en equipo es imprescindible. Nada de lo que hemos conseguido habría sido posible sin las personas que han compartido este camino y han creído en el proyecto
MD. Animalea ha experimentado un crecimiento muy importante en los últimos años. ¿Cómo ha evolucionado el refugio desde que llegaste y cuáles han sido los principales desafíos para gestionar ese crecimiento?
LMB. Cuando llegué a Animalea, el refugio era mucho más pequeño, tanto en número de animales como en estructura y recursos. Con los años hemos ido creciendo hasta atender a cerca de 200 perros y gatos, algo que refleja tanto la necesidad existente como el compromiso de todas las personas que forman parte del proyecto. Este crecimiento ha supuesto grandes desafíos. Uno de los principales ha sido adaptar la organización y la gestión a una realidad cada vez más compleja. A medida que aumentaba el número de animales, también lo hacían las necesidades veterinarias, la alimentación, el mantenimiento de las instalaciones y la búsqueda constante de recursos económicos para poder garantizar su bienestar. Otro reto importante ha sido conseguir que el refugio evolucione sin perder su esencia. Hemos tenido que profesionalizar muchos aspectos de la gestión, mejorar procesos y buscar nuevas formas de financiación y colaboración, siempre manteniendo como prioridad el bienestar de los animales. Sin embargo, si algo he aprendido durante estos años es que ningún crecimiento es posible sin un equipo comprometido.
MD. Detrás de cada animal rescatado existe una historia. ¿Hay algún caso que te haya marcado especialmente y que represente el espíritu de lucha y esperanza que caracteriza a Animalea?
LMB. Es difícil elegir un solo caso porque cada animal que llega al refugio trae consigo una historia que deja huella. Sin embargo, los que más me marcan son aquellos que llegan en las peores condiciones, tanto físicas como emocionales, y que, gracias al tiempo, los cuidados y el cariño de muchas personas, consiguen recuperar la confianza y encontrar una familia. Esos casos representan perfectamente el espíritu de Animalea. Nos recuerdan que, aunque el abandono y el maltrato dejan cicatrices profundas, siempre hay espacio para la recuperación y la esperanza. Ver cómo un animal que llegó con miedo, enfermo o sin ganas de vivir es muy difícil. Pero con el tiempo vuelve a disfrutar, a confiar en las personas y a tener una segunda oportunidad es una de las mayores recompensas de nuestro trabajo. Cada una de esas historias nos demuestra que merece la pena seguir luchando, incluso cuando las dificultades parecen enormes. Son la prueba de que la constancia, el compromiso y el amor pueden cambiar vidas, y son precisamente esas transformaciones las que nos motivan a seguir adelante cada día.
MD. Muchas personas desconocen el trabajo diario que hay detrás de una protectora. ¿Cómo es un día normal en Animalea y qué esfuerzo requiere mantener el bienestar de tantos animales?
LMB. Mucha gente piensa que el trabajo de una protectora consiste únicamente en cuidar animales, pero la realidad es mucho más compleja. Un día normal en Animalea empieza muy temprano y está lleno de tareas: limpieza de instalaciones, alimentación, administración de medicación, visitas veterinarias, atención a los animales, gestión de adopciones, rescates, coordinación de nuestros 3 refugios, y todas las labores administrativas necesarias para que el refugio funcione. Mantener el bienestar de 200 animales requiere un esfuerzo enorme y una dedicación constante los 365 días del año. No existen festivos ni vacaciones cuando hay tantos seres vivos que dependen de ti. Además, gran parte de este trabajo se realiza con recursos muy limitados y con ayudas que, en muchas ocasiones, son insuficientes para cubrir todas las necesidades que tenemos. Creo que uno de los mayores retos de las protectoras es precisamente hacer visible esa realidad: que la protección animal no depende solo de la buena voluntad, sino también del apoyo y la implicación de toda la sociedad.
MD. El abandono animal sigue siendo una realidad preocupante en España. Desde vuestra experiencia, ¿cuáles son las principales causas y qué medidas consideras fundamentales para combatir este problema?
LMB. El abandono animal sigue siendo uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos las protectoras. Desde nuestra experiencia, las principales causas suelen ser la falta de responsabilidad y de compromiso a largo plazo a la hora de incorporar un animal a la familia. Muchas personas no son plenamente conscientes de que un perro o un gato puede acompañarnos durante muchos años y requiere tiempo, dedicación y recursos.También seguimos viendo abandonos relacionados con cambios de domicilio, problemas económicos, camadas no deseadas o animales que dejan de encajar en las expectativas de quienes los adquirieron. Detrás de muchas de estas situaciones existe una falta de concienciación sobre lo que supone realmente tener un animal. Para combatir este problema es fundamental trabajar en varios frentes. La educación y la sensibilización desde edades tempranas son esenciales para fomentar una tenencia responsable. También es imprescindible promover la identificación y la esterilización, ya que ayudan a reducir el número de animales que terminan abandonados. Sin embargo, creo que el cambio más importante debe ser cultural. Necesitamos entender que los animales no son objetos ni decisiones temporales, sino seres vivos que dependen de nosotros y forman parte de nuestras familias. Mientras no exista esa conciencia colectiva, las protectoras seguiremos intentando paliar las consecuencias de un problema que debería prevenirse desde el origen.















































