El turismo muestra su musculo en el 2017.

Una vez más el sector turístico contribuye a la reestructuración de la economía gracias a su buena salud. Esto significa que sigue en su tendencia de crecimiento imparable. Según palabras del portavoz del gobierno  es muy factible llegar 83 millones de llegadas de turistas extranjeros en 2017.

Una cifra que supondría un aumento del 10% respecto al año pasado, cuando se registraron 75,3 millones de llegadas extranjeras. Esa cifra ya supuso a su vez un incremento de casi el 10% respecto al ejercicio anterior.

 En este marco de subidas, ¿dónde está el límite para el turismo en España? Una respuesta complicada, según los expertos consultados, y que depende mucho del lugar dónde se analice.

Mientras los vecinos de algunas ciudades protestan por el incremento del turismo y el impacto que tiene, por ejemplo, en el acceso a la vivienda, el efecto en zonas del interior es sensiblemente menor y hay margen para que el negocio aún florezca.

La Organización Mundial del Turismo (que depende de Naciones Unidas y tiene como sede Madrid) sigue hablando de una evolución imparable de viajeros que llevó a 1.200 millones de personas a realizar viajes turísticos en 2016 (6.000 millones hicieron turismo doméstico) y que sigue en aumento año a año.

Por eso, la organización nombró 2017 como año del turismo sostenible para empezar a aproximarse a este negocio desde una perspectiva que garantice un equilibrio entre una opción de ocio y libertad para millones de personas, pero que también pone en riesgo el equilibro de los países de acogida.

En España, la industria turística asegura que no pretende apostar tanto por un aumento de llegadas de viajeros como por trabajar en que se incremente la actividad turística. Esto es: más gasto por visitante.

Las últimas previsiones de esta patronal hablan de un aumento del 4,1% del PIB turístico, el que mide la actividad relacionada con este sector, en el primer trimestre de 2017. Se encadenan así 14 trimestres consecutivos con aumentos superiores al 3%.

El turismo de interior.

La tendencia de crecimiento no es la misma para todos los sitios.  Es importante tener en cuenta que ese crecimiento también debe de ser fuera de temporada. Esta diversificación, tanto geográfica como estacional, sí podría revertir en un aumento del negocio turístico que saturara tanto como el modelo actual.




Para Semana Santa, la ocupación hotelera fue  del 85%. Esto significa un crecimiento del 4,7% puntos frente a la semana santa del año anterior.  El turismo rural alcanzo una ocupación del 81%.

Una de las características del turismo interior es la estacionalidad.

La ocupación media anual es del 19% y si se tienen en cuenta los fines de semanas llega al 30%. En muchos casos, esto hace que la actividad turística sea secundaria frente a la agricultura y otros negocios. Además hay zonas como la toscana o la Provenza que han logrado un fuerte  posicionamiento de marca turística que aún está por lograrse en España. Un ejemplo claro es el Camino de Santiago.

La ‘turistificación’

Caso contrario lo encontramos en la ciudad de Barcelona, donde el negocio del sector turístico cada día pone a prueba la vida en la ciudad, complicando cada vez más el acceso a la vivienda con un incremento del alquiler turístico frente al de larga duración.

 Esto ha ocasionado que exista una “hiperinflación” continua en los precios de la vivienda que se da por una combinación del sector turístico e inmobiliario. En la actualidad la ciudad está saturada y el crecimiento del turismo ha llevado a que la economía de la ciudad marque la tendencia frente a este sector.

Esta situación ha traído consigo grandes problemas de movilidad que afectan al tránsito y a los peatones, la contaminación del aire por el incremento de cruceros o el aumento de la generación de residuos son otros de los problemas que apunta.

Otros lugares de España también  han vivido problemas por el gran número de turistas, como en el caso de algunas islas de Baleares o en otras zonas de playa como la Costa del Sol.  Un turista consume entre tres y cuatro veces más agua al día que un residente permanente (cuyo consumo oscila entre los 100 y 200 litros diarios). El problema se agrava porque además estos viajeros se concentran en zonas con más escasez de agua.

Otro de los puntos negros relacionado con este aspecto son las infraestructuras. Por ejemplo, el caso de las depuradoras que no están preparadas para los picos turísticos.

El turismo ha sido considerado como “locomotora” económica por el Gobierno, es un sector “abierto” que crea muchos puestos de trabajo. En este contexto de optimismo nacional, los problemas que surgen son en general de índole local, lo que unido a unas competencias en parte cedidas a las comunidades complica el rompecabezas de cómo gestionar el panorama turístico y sus problemas asociados. (Leer la nota completa)


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