¿Quién motiva al motivador?

Lograr crear una estrategia de comunicación interna que permita que todos los empleados se comprometan con la empresa y la sientan suya, no es una tarea fácil. El lograr generar un buen ambiente laboral sin herir ningún tipo de ego es una gestión que muy pocos lo saben hacer.

El motivar un grupo de personas ya sean en un ámbito laboral o deportivo es una cualidad de muy pocos. El hacer que los demás descubran en sí mismo todos esos valores,  cualidades y características que desconocen, y que son un gran potencial a la hora  de lograr los diferentes objetivos,  tanto personales como profesionales es la ardua tarea de los “Motivadores”.

Para llevar a cabo esta función es necesario partir de la existencia de dos formas de motivar, como lo son: Motivar a los demás y motivarse a uno mismo. El mejor ejemplo para una demostración real son todos aquellos emprendedores.  El dramaturgo Bernard Shaw decía que no le importaba de dónde vinieran las ideas siempre que no fueran de sí mismo. La memoria trae viejas soluciones y lo nuevo se hace invisible por  el color del cristal con que se mira.

El peor enemigo de la motivación es aquella  persona que marcha a la deriva. El que  se  dirige a alguna parte  se energiza, el que no va para ningún lado se detiene. Es fundamental descubrir en nosotros mismos el mensaje socrático: “Conócete a ti mismo”. Sin saber quienes somos nos dirigen desde afuera, corremos  sin saber para qué, preguntándonos quién o qué podría motivarnos.

Seguro que ha tenido que lidiar tanto con profesionales proactivos, constructivos y vitales como con otros pasivos, poco efectivos y que hacen de la queja su seña de identidad. ¿De qué depende situarse en uno u otro grupo?

Si bien las circunstancias externas pueden incidir en nuestra motivación hacia el trabajo, la actitud con la que lo afrontamos depende sobre todo de nosotros mismos. Solo así se explica que alguien pueda convertirse en presidente de Estados Unidos tras sufrir unos cuantos reveses electorales o en todo un icono empresarial después de ser despedido de su propia compañía.

La motivación es el motivo de la acción ya sea porque algo nos llame la atención o nos asuste, ese algo motiva nuestra conducta. este aspecto es de gran importancia a la de emprender el camino hacia un objetivo definido.




El poder de la automotivación es un privilegio  de unos pocos, aunque todos lo tenemos son algunos los que lo ponen en marcha.

Para lograr una automotivación es importante tener en cuenta las siguientes actitudes y comportamientos:

– Aceptar la realidad y a los demás tal como son. La automotivación empieza por albergar unas expectativas realistas y adecuadas sobre el trabajo y quienes le rodean. En vez de exigir a las circunstancias y a los demás que se amolden a sus deseos, acéptalos tal como son y, a partir de ahí, tratar de modificar aquello que se puede mejorar. No hacerlo será una fuente segura de decepción y desmotivación.

– Dé el mayor sentido posible a todo lo que hace. No es lo mismo levantarse por la mañana para ir a trabajar por dinero que hacerlo, además, por el desarrollo personal y el servicio social. Se trata de encontrar motivos más trascendentes para hacer lo  que hacemos, lo cual nos permitirá sacar lo mejor de nosotros.

– Ante la misma tarea, un obrero puede pensar que se reduce a cargar piedras y otro puede decir que está construyendo un edificio. La plenitud de la vida no depende de nuestra ocupación, sino de nuestra capacidad para dar un sentido trascendente a nuestras actividades.

– No perder la ilusión y la responsabilidad frente a lo que hacemos.  La clave de la motivación no está tanto en hacer únicamente lo que nos gusta como en poner la máxima ilusión posible en aquello que tenemos que hacer. Y cuando la ilusión falla, se trata de apoyarnos en la responsabilidad. Cuando llega el cansancio y la ilusión se empieza a desvanecer, eche mano del esfuerzo.

– Valore todo lo que posea y agradece por ello.  El “hedonismo psicológico” es un mecanismo mental por el que nos acostumbramos con pasmosa facilidad a los progresos en nuestro trabajo y dejamos de valorarlos. Por eso es fundamental hacer un esfuerzo por fijarse en lo positivo. Cuando ponemos el énfasis en lo que nos falta en vez de en lo que tenemos, dejamos que la desmotivación se apodere de nosotros.

– Sea proactivo. Cuando nos convertimos en actores de nuestra realidad laboral en vez de conformarnos con ser espectadores pasivos, somos más dueños de nuestra situación y nos sentimos más motivados.

Acéptese tal cual es con valores y virtudes.  A veces pensamos que el error es intolerable en un buen profesional, algo desastroso. Pero si no asumimos nuestra falibilidad, solo sumaremos frustración y perderemos oportunidades de mejora. Ser consciente de sus puntos fuertes y débiles le permitirá ser más efectivo y le librará de caer en una posible espiral de baja autoestima. Reconozca sus fallos, pero también valore sus aciertos.

– Establezca retos y metas relevantes. Según la teoría de fijación de metas de Edwin Locke, un objetivo es motivador cuando percibimos que se puede alcanzar y va a suponer un considerable esfuerzo. Además, cuanto más relevantes sean las metas, más motivados estaremos para lograrlas. Por tanto, fijarse objetivos trascendentes tales como aportar algo valioso a los demás será más motivante que proponerse un objetivo intrínseco (por ejemplo, el desarrollo profesional) o extrínseco (por ejemplo, un aumento de salario o una mejora en las condiciones laborales).

– No se queje. Imagine que posee una franquicia de una cadena de comida rápida y que en otro local se descubre una partida de carne en mal estado. Usted no ha hecho nada, pero su negocio se va a ver afectado. Ante esta situación, puede hacer dos cosas: quejarse pasivamente por la mala suerte o ser proactivo y establecer medidas concretas para minimizar el impacto negativo de la noticia. Quejarnos genera frustración en la medida en que no resuelve nada y centra nuestra atención en lo que queda fuera de nuestro radio de acción.

– Piense siempre en positivo. Una investigación entre comerciales demostró que los vendedores más positivos facturaban un 90% más que los negativos. Y es que la actitud que adoptamos para afrontar una situación o tarea influye en el resultado final.

Dicho de otro modo, si va a una fiesta pensando que será aburrida, seguramente no se divertirá mucho, ya que su actitud inicial se lo pondrá difícil. Ahora bien, no hay que confundir la positividad con la ingenuidad y la falta de realismo.

– Sea tenaz y perseverante con sus metas. Si desistimos ante los obstáculos, entramos en un bucle de desmotivación que nos lleva a afrontar las situaciones con menos ganas y, por ello, menos posibilidades de conseguir nuestras metas. Tratar de superar obstáculos es, en sí mismo, motivante. La determinación y la perseverancia en los momentos aciagos son la mejor manera de reactivar nuestro ciclo de motivación.

El motivador no es un ser perfecto. Lo importante de un líder es su capacidad de motivar. Haciendo virtudes de sus defectos un día pudieron tomar la decisión clave en un momento difícil. Pasaron noches enteras sin dormir, tuvieron miedo, perdieron la fe y no supieron  qué hacer, se equivocaron y siguieron un camino equivocado. Pero no perdieron la esperanza de llegar a ser lo que anhelaban. Porque siguieron buscando un día encontraron la razón de su vida. (Leer +) 


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