10 lugares de Castilla la Mancha para descubrir este verano.

La comunidad de Castilla la Mancha ofrece diferentes destinos turísticos llenos de magia y encanto. La mancha no solo es Cuenca y sus casas colgadas, el casco antiguo de Toledo, las lagunas de Ruidera… Hay más lugares perfectos para visitar en este verano.

Hemos querido resumir 10 destinos que a nuestro criterio no puedes dejar de visitar.

  1. Sigüenza (Guadalajara).

Sigüenza es uno de esos pueblos donde todos sus rincones desprenden aires medievales. Su ingente patrimonio monumental incluye el castillo, que hoy es Parador de Turismo, y la catedral de Santa María de Sigüenza, con su planta de cruz latina, su famosa torre del Gallo y sus dos torres exteriores que le confieren un cierto aspecto militar defensivo. Además de la historia que atesora cada piedra centenaria, en Sigüenzase disfruta de una buena gastronomía, con platos típicos de la zona como la sopa castellana o las migas con chorizo, torreznos y huevos fritos.

2. Chorros del río Mundo (Albacete)

Pocos ríos españoles pueden jactarse de tener un nacimiento tan singular y tan espectacular como este afluente del Segura. En medio de un circo de piedra cortado a pico, una gruta de 25 metros de diámetrolanza al vacío bocanadas de agua que, 82 metros más abajo, se estrella contra las rocas y juguetea entre un enjambre de cascadas y pozas de extraordinaria belleza. Son los Chorros del río Mundo, un lugar en las antípodas de ese tópico de La Mancha de horizontes planos y llanuras cerealistas sin un solo árbol al que estamos acostumbrados.

3. Hoces del río Cabriel (Cuenca y Albacete).

El Cabriel se hizo famoso tristemente a finales de los noventa debido a la posibilidad de que una nueva autovía destrozase uno de sus parajes emblemáticos, el Cuchillar de Contreras, Hoy, a salvo ya de tropelías del progreso, el Cabriel rentabiliza su imprevisto salto a la fama. El Cuchillar y las contiguas Hoces del Cabriel están protegidos bajo la figura de reserva natural, pero quienes lo conocen bien saben que este río tiene otros muchos rincones recomendables. Como las riberas de dos de sus afluentes, el río Laguna y el arroyo de Tejadillos, y la zona de la laguna del Marquesado. Una reliquia de la naturaleza manchega que salió del anonimato gracias a una autovía.

4. Alcalá de Júcar (Albacete).

Para visitar este pueblo serrano hay que dejar el coche al otro lado del puente que salva el Júcar y adentrarse a pie en una de esas ciudades laberínticas que ha sabido conservar su legado histórico y sobre todo, su urbanismo medieval. Alcalá no es lugar de grandes monumentos ni de edificios singulares. Todo lo contrario. Su encanto radica en lo sencillo, en lo popular. En su estampa encaramada sobre la hoz del río Júcar, en uno de los rincones más puros y más desconocidos de la comarca de La Manchuela.

5. Plaza Mayor de Almagro (Ciudad Real).

Cuando uno se sitúa en el centro de la plaza Mayor de Almagro, una de las más bellas de Castilla, le entran ganas de recitar a Lope de Vega o a Calderón. Su disposición rectangular, rodeada de balcones y galerías porticadas a modo de plateas populares, recuerdan un inmenso escenario teatral. De hecho, esas galerías de madera de color verde soportadas por 81 columnas de piedra fueron utilizadas como palcos para actos públicos de toda índole, incluidas corridas de toros, hasta su prohibición en 1785. Más referencias escénicas: en una de las casas que da a la plaza se descubrió el mejor de los corrales de comedias – teatro populares del siglo XVII que solían usar el patio de las posadas- que han llegado a nuestros días. En él se celebra cada año el Festival de Teatro Clásico de Almagro. Una plaza muy teatral, sin duda.

6. Sigüenza (Guadalajara).

Sigüenza es uno de esos pueblos donde todos sus rincones desprenden aires medievales. Su ingente patrimonio monumental incluye el castillo, que hoy es Parador de Turismo, y la catedral de Santa María de Sigüenza, con su planta de cruz latina, su famosa torre del Gallo y sus dos torres exteriores que le confieren un cierto aspecto militar defensivo. Además de la historia que atesora cada piedra centenaria, en Sigüenzase disfruta de una buena gastronomía, con platos típicos de la zona como la sopa castellana o las migas con chorizo, torreznos y huevos fritos.

7. Molinos de Campo de Criptana y Consuegra (Ciudad Real y Toledo).

La cita te viene a la cabeza nada más verlos: “… porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla”… Pero no son gigantes, si no molinos, como bien advertía el bueno de Sancho. Los diez molinos de viento de Campo de Criptana (Ciudad Real) se alzan sobre un cerro como gigantes de la historia, monumentos vivos de nuestro pasado industrial. De los diez, tres conservan la maquinaria original del siglo XVI. Los otros siete son museos de lo más variopinto: de la labranza, de la pintura, del poeta Vicente Huidobro e incluso de la mismísima Sara Montiel, vecina ilustre de Campo de Criptana. En Consuegra (Toledo) se conservan otros doce perfectamente alineados en el cerro Calderico.

8. Brihuega (Guadalajara).

Pueblo coqueto y monumental, una de las referencia de La Alcarria. Lo primero que se descubre al llegar a Brihuega es el castillo de la Peña Bermeja, visible desde cualquier esquina. Pero buena parte del pueblo se desarrolla en otro plano: el subterráneo, mucho menos vistoso que el castillo. Existen múltiples leyendas acerca de los kilométricos subterráneos que horadan el subsuelo de Brihuega: que si imaginarios pasadizos militares, que si misteriosas conexiones entre el castillo y los palacios…. Pero lo cierto, aunque menos novelesco, es que las cuevas nacieron para albergar los vinos y la comida a modo de bodega, un lugar seguro y fresco. Un hermoso lugar para “morir de amor en la adolescencia”, como dijera Cela.

9. Pastrana (Guadalajara).

De las realidades que Cela descubriera hace 53 años en su obra Viaje a la Alcarria muy poco queda ya en el siglo XXI. Sus villas, antes atrasadas y ahora remozadas, maquilladas y convenientemente dotadas de hoteles y restaurantes de los que ahora se llaman con encanto, son ahora el objeto del deseo de todos los circuitos turísticos de la comunidad. Por ejemplo, Pastrana, la villa más monumental de esta alcarria guadalajareña. La localidad debe su nombre y su esplendor a los duques de Pastrana, los señores feudales que durante varios siglos hicieron de esta localidad alcarreña una segunda corte donde cocinar asuntos de estado. Su palacio aún preside la agradable plaza de la Hora.

10. Yeste y el río Segura (Albacete).

Yeste es la capital de la zona albaceteña de la Sierra del Segura. Además de su interesante casco monumental, Yeste tiene el atractivo de ser el punto de entrada a una de las zonas más remotas y desconocidas de la comunidad castellano manchega: la cuenca alta del río Segura, que comparte con la provincia de Jaén. Una comarca de pinares y roquedos con pequeñas aldeas y rincones maravillosos para los amantes del senderismo y la naturaleza como los valles del Zumeta y el Tus -dos afluentes del Segura-, las Juntas de Miller o el embalse de Anchuricas.

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