¿Por qué algunas personas disfrutan escuchando canciones tristes?

¿Por qué algunas personas disfrutan escuchando canciones tristes?

Numerosos estudios científicos han estudiado por qué y cómo la música triste puede llegar a ser placentera.

Aunque pueda parecer contradictorio, hay personas que disfrutan escuchando música triste. Y es que, ya sea con el sonido de un violonchelo, el réquiem de Mozart, o la última canción de Adele, la música es un arte que consigue despertar emociones desde lo más profundo.

La tristeza es una emoción primaria que se expresa y percibe de manera igualmente intensa en todas las culturas. Y en la música, este sentimiento se manifiesta a través de diversos elementos como tonos más bajos, tempos lentos, el uso del modo menor y timbres oscuros y apagados.

¿Pero por qué disfrutamos escuchando música triste, incluso en un momento de desánimo? Algunos estudios científicos han estudiado este fenómeno y han concluido que se debe a una combinación de distintas razones que van desde lo emocional hasta lo biológico.

Nostalgia

En primer lugar, se sabe que la música triste actúa como un potente desencadenante de recuerdos nostálgicos. Esto quiere decir que nos transporta a momentos pasados, evocando emociones y experiencias que pueden ser tanto dulces como dolorosas. Y por tanto, al recordar momentos de nuestras vidas, experimentamos una conexión emocional profunda con la música.

Emoción vicaria

La música triste nos permite experimentar emociones de manera vicaria, sin las implicaciones de la vida real, según un estudio publicado en 2013 por un equipo de investigadores japoneses en la revista Frontiers Psychology. Así, concluyeron que la música actúa como un canal para liberar emociones negativas como la tristeza y el dolor de una manera segura y controlada.

Además, los hallazgos resaltan el concepto de ambivalencia emocional experimentada por los oyentes cuando se exponen a música triste. Esta ambivalencia sugiere que el paisaje emocional de la música es multifacético, abarcando tanto la melancolía como los sentimientos elevados simultáneamente.

Liberación de prolactina

A nivel biológico, la música triste desencadena la liberación de prolactina, una hormona asociada con el llanto y la regulación del duelo. Este proceso calma la mente y el cuerpo, generando una sensación de serenidad y bienestar, tal y como contrastaron investigadores portugueses en 2011 en la revista PLOS One.

Por su parte, David Huron, investigador de la Universidad Estatal de Ohio (EE UU), también corroboró que los niveles de la hormona prolactina aumentan cuando sentimos tristeza, produciendo un efecto psicológico de consuelo, de manera que esta hormona nos ayuda a sentirnos mejor.

En experimentos con diferentes grupos de sujetos, Huron comparó los niveles de prolactina en sangre en personas que reaccionan de forma diferente ante una canción cargada de melancolía. Así comprobó que las personas que más prolactina sintetizan sienten placer e incluso disfrutan escuchando canciones tristes.

Empatía

La empatía puede definirse en términos generales como un proceso mediante el cual podemos llegar a comprender y sentir lo que otra persona está experimentando. Según los expertos, esa capacidad de empatizar con las emociones expresadas en la música no solo nos permite conectar más profundamente con la experiencia artística, sino que también podemos llegar a sentir compasión y solidaridad con los sentimientos transmitidos por el artista.

Regulación emocional

Por otro lado, se considera que la música triste facilita la regulación del estado de ánimo al proporcionar un escape de situaciones estresantes o dolorosas. Según algunos estudios, la música triste permite al oyente desentenderse de situaciones angustiosas (ruptura, muerte, etc.) y centrarse en cambio en la belleza de la música. Además, las letras que resuenan con la experiencia personal del oyente pueden dar voz a sentimientos o experiencias que uno no podría expresar por sí mismo.

Compañía

En momentos de soledad o angustia emocional, la música triste actúa como una compañía reconfortante. Como han planteado algunos científicos, la música no solo puede proporcionar consuelo, sino que permite que el oyente se sienta comprendido o acompañado en los momentos más difíciles.

“En comparación con otras formas de arte, la música tiene una capacidad excepcional para evocar una amplia gama de sentimientos y es especialmente cautivadora cuando trata del dolor y la tristeza”, afirmaba un grupo de investigadores estadounidenses tras publicar en 2015 un estudio en la revista Frontiers in Human Neuroscience sobre este asunto.

Así, según su argumento, escuchar música triste puede conducirnos a sentimientos positivos. En sus palabras, “la tristeza evocada por la música resulta placentera: cuando se percibe como no amenazante; cuando es estéticamente agradable; y cuando produce beneficios psicológicos como la regulación del estado de ánimo y sentimientos empáticos, causados, por ejemplo, por el recuerdo o la reflexión sobre acontecimientos pasados”, explicaron.

Además, la capacidad de la música para expresar emociones es también la razón de su aplicación en musicoterapia. De hecho, se promueve en algunas terapias clínicas, donde se utiliza como herramienta para promover la salud mental o el bienestar emocional.

Fuente: Muy Interesante

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